Esfinge

Política de privacidad

Última actualización: 30 de septiembre de 2026.

Usada en tu ordenador, Esfinge no recoge ningún dato tuyo. Todo lo que toca se queda ahí, y Webcafeína no recibe nada: ni contraseñas, ni direcciones, ni estadísticas de uso. Si creas una cuenta para tener tu bóveda en varios equipos, lo que guardamos y por qué está más abajo: tu bóveda viaja cifrada y no podemos abrirla.

Esta política cubre la aplicación Esfinge —para macOS, Windows y Linux— y su extensión para Chrome, Edge, Brave, Vivaldi, Opera y Firefox.

Quién responde de tus datos

Webcafeína S.L.U., con NIF B10463990, domicilio en Calle Santa Cristina S/N, Edificio Embarcadero, Local A2, 10195 Cáceres, e inscrita en el Registro Mercantil de Cáceres, Tomo 957, Libro 784, Folio 49, Hoja CC-13926, Inscripción 1.ª. En esta página la llamamos Webcafeína. Para cualquier cosa relacionada con tus datos, incluido ejercer tus derechos: info@webcafeina.com.

Sin cuenta, lo que Esfinge toca se queda en tu ordenador y nosotros no tratamos nada, así que todo lo que sigue sobre bases, plazos y derechos se refiere a la cuenta. Esta web tampoco usa cookies ni analítica; la aloja GitHub, que ve tu dirección IP como cualquier alojamiento.

La extensión del navegador

Qué datos toca

Para rellenar y guardar contraseñas, la extensión lee en las páginas https:

No lee el resto del contenido de las páginas, ni tu historial, ni tus marcadores.

Las llaves de acceso

Si guardas llaves de acceso en Esfinge, la extensión se ofrece a poner la tuya cuando un sitio la pide. Para enterarse de que la pide tiene que mirar desde dentro de la página, y eso es distinto de todo lo demás que hace: el resto va aislado, donde la página no lo ve.

La clave privada de una llave no sale nunca de tu bóveda. Cuando aceptas, la firma se hace donde está la bóveda —en la aplicación, o en el navegador si usas tu cuenta— y al sitio le llega solo la firma ya hecha, que es lo mismo que le llegaría de una llave guardada en tu sistema operativo. Nunca se manda a nadie más.

Y cuando un sitio te ofrece crear una llave, Esfinge puede crearla. La clave se genera en tu ordenador, se guarda dentro de tu bóveda como cualquier otra entrada, y al sitio le llega solo la parte pública y un identificador — lo que necesita para reconocerte la próxima vez. Te lo pregunta antes de hacerlo. Ten en cuenta que entonces esa llave será tu forma de entrar en esa cuenta: se sincroniza con tus equipos si usas cuenta, y puedes sacarla de Esfinge con la exportación cifrada de llaves.

Para que los sitios te ofrezcan crear llaves, Esfinge les responde que este navegador puede guardarlas, también cuando tu ordenador no tiene lector de huella ni reconocimiento facial: el que las guarda es Esfinge. Si apagas las llaves de acceso en los Ajustes de la aplicación, deja de responder eso.

Si en ese sitio no tienes ninguna llave guardada, Esfinge no hace nada y el navegador pregunta como si no estuviera. Y para saber en qué sitios te la puede ofrecer con la bóveda cerrada, el navegador guarda solo la lista de dominios que tienen llave, mientras el navegador está abierto: ni cuentas, ni usuarios, ni claves.

Todo esto se puede apagar en los Ajustes de la aplicación Esfinge, y tus llaves se quedan guardadas igual.

Adónde van

Sin cuenta, solo a la aplicación Esfinge, en tu mismo ordenador, por el canal que los navegadores tienen para hablar con programas instalados (native messaging). Así, la extensión no se conecta a internet.

Si entras con tu cuenta de Esfinge en la extensión, ya no necesita la aplicación: guarda tu bóveda en el navegador y la sincroniza con nuestro servidor de cuentas, igual que la aplicación. La bóveda sale del navegador cifrada, con una clave que sale de tu contraseña maestra, y el servidor no puede leerla. Lo que le llega es lo que se cuenta en Si creas una cuenta: tu correo, la bóveda cifrada y el nombre de este navegador —por ejemplo, «Chrome en Mac»— en la lista de tus equipos. Es la única conexión que hace la extensión.

Y desde el panel se puede mandar una copia de una contraseña a otra persona, como desde la aplicación. Entonces al servidor le llega también la dirección de quien la recibe, y el sobre, cerrado. Está contado en Si compartes una copia.

Y si alguien te da acceso a una bóveda de proyecto suya, la extensión puede abrirla aquí: la guarda cifrada en el navegador, igual que la tuya, y lo que guardes dentro sube a la cuenta de esa persona y no a la tuya. Si solo te dejó verla, la extensión no te ofrece guardar nada en ella. Está contado en Si alguien te da acceso a una bóveda suya.

En ningún caso descarga código, ni lleva analítica ni servicios de terceros.

Qué guarda

Para qué pide cada permiso

Antes de aceptar

La primera vez que abres el panel de la extensión te explica todo esto. Hasta que lo aceptas no lee ninguna página ni habla con Esfinge ni con el servidor. Si esta política cambia en lo que hace la extensión con tus datos, te lo vuelve a preguntar: pasó al llegar las cuentas a la extensión, y otra vez al llegar las llaves de acceso.

La aplicación Esfinge

Tus contraseñas y tus ficheros cifrados viven en tu ordenador, en una bóveda cifrada con tu contraseña maestra. Sin cuenta, no hay copia en ningún servidor: ni Webcafeína ni nadie más puede abrirla.

La aplicación solo sale a internet para estas cosas:

Las dos primeras se apagan en sus Ajustes; la tercera, dejando la cuenta.

Si creas una cuenta

Con una cuenta, tu bóveda está en todos tus equipos. Se cifra en tu ordenador antes de salir, con una clave que sale de tu contraseña maestra, y así llega a nuestro servidor: nosotros no tenemos esa clave ni tu contraseña, así que no podemos leer nada de lo que hay dentro, ni recuperarlo si las pierdes.

Con qué base

No tomamos ninguna decisión automatizada sobre ti, no te perfilamos y no hay publicidad.

Edad

La cuenta es para mayores de catorce años, que es la edad a partir de la cual la ley española deja consentir el tratamiento de los propios datos. Si sabemos que una cuenta es de alguien más joven, la borraremos.

Qué guardamos

Si empiezas a crear una cuenta y no terminas, el código caduca a los diez minutos y tu dirección se borra de nuestra base en la hora siguiente, sola. Lo que no podemos borrar es el correo que ya te mandamos: ése está en tu buzón, y Google conserva treinta días el registro de habértelo enviado, abajo.

No guardamos tu dirección IP en claro. Para frenar a quien pruebe contraseñas contamos una huella seudonimizada de ella, que se borra a los dos o tres días. Eso sigue siendo un dato personal, así que lo decimos: no es un anonimato, es que no nos hace falta más. Cloudflare, que aloja el servidor, sí ve la IP de cada petición, como cualquier alojamiento. No hay analítica ni publicidad.

Si compartes una copia

Esto llega con la próxima versión de Esfinge. Se cuenta ya para que se pueda leer antes de usarlo.

Esfinge deja mandarle una copia de una contraseña a otra persona. Va cifrada hacia ella y solo ella puede abrirla: nosotros llevamos el sobre cerrado. Lo que sí vemos es a quién se la mandas —su dirección de correo—, y eso hay que decirlo aunque no podamos leer nada de lo que va dentro.

Si esa dirección todavía no tiene cuenta de Esfinge, le mandamos una invitación. Es un correo a alguien que no es cliente nuestro, y lleva tu dirección dentro: le decimos quién le quiere mandar algo, porque un correo anónimo pidiendo darse de alta no lo abre nadie. Tres cosas de ese correo:

La base para tratar la dirección de quien recibe es ejecutar el contrato contigo, que eres quien nos pide que le llegue (art. 6.1.b), y nuestro interés legítimo en que ese aviso se pueda entregar (art. 6.1.f). Quien reciba una invitación puede ignorarla —sin cuenta no le llega nada— o escribirnos a info@webcafeina.com para que borremos su dirección antes de los treinta días.

Si alguien te da acceso a una bóveda suya

Esto llega con la próxima versión de Esfinge. Se cuenta ya para que se pueda leer antes de usarlo.

Una copia es una foto fija. Esfinge deja también dar acceso a una bóveda de proyecto entera, y entonces esa bóveda sigue viva: lo que cambie una persona le llega a las demás, como entre dos ordenadores tuyos. Sigue cifrada de punta a punta y nosotros no podemos leerla.

Lo que sí guardamos es quién puede entrar en qué. Por cada bóveda compartida tenemos la lista de cuentas con acceso y lo que puede hacer cada una —ver o editar—, porque es lo que nos permite decir que no a quien no debe entrar. Eso es información aunque el contenido no se pueda leer: dice que esas cuentas trabajan juntas en algo. Hay que decirlo, como decimos a quién mandas una copia.

Dos cosas más que conviene saber antes de usarlo:

La base es la misma que para compartir una copia: ejecutar el contrato contigo (art. 6.1.b). La lista de accesos se borra con la bóveda, o cuando quitas el acceso.

Quién más interviene

Las dos son empresas de Estados Unidos, y cada una guarda las cosas en un sitio distinto:

Las dos lo hacen como encargadas nuestras, con el contrato que el RGPD exige, y las dos amparan las transferencias con las cláusulas contractuales tipo de la Comisión Europea y con su adhesión al marco de adecuación UE-EE. UU. (Data Privacy Framework).

Para qué y hasta cuándo

Solo para darte el servicio que pides —tener tu bóveda en tus equipos— y protegerlo. Lo guardamos mientras tengas la cuenta. Al borrarla, se borra de nuestras bases en el momento: la bóveda y sus versiones, tus equipos, tus sesiones y tus movimientos. Y hay dos cosas que sobreviven un tiempo y que no dependen de nosotros: Cloudflare conserva copias de recuperación hasta treinta días, y Google, el registro de los correos que ya te mandamos, otros treinta. Te enviamos además un último correo confirmando el borrado. Lo que tengas en tus equipos se queda en ellos.

Y antes de eso, cada cosa dura lo suyo:

Las versiones anteriores se recortan cada vez que subes la bóveda, así que si un equipo deja de sincronizar, las suyas esperan ahí a la siguiente subida.

Lo que puedes pedir

Desde los propios Ajustes de Esfinge, sin pedírnoslo a nosotros y sin esperar: ver tus equipos y quitarle la sesión a cualquiera, llevarte todo lo que tenemos de tu cuenta en un fichero, dejar la cuenta en un equipo y borrarla entera del servidor.

Eso cubre el acceso, la portabilidad y la supresión, y en el fichero que te llevas van tu correo, tus equipos, tus movimientos y tu bóveda cifrada. Tienes además derecho a rectificar lo que sea inexacto y a limitar u oponerte a un tratamiento. Para cualquiera de ellos, escríbenos a info@webcafeina.com: contestamos en el plazo de un mes, y te pediremos que lo hagas desde la dirección de la cuenta para no entregarle tus datos a otra persona.

Y si crees que no lo hacemos bien, puedes reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Borrar lo que haya

Desinstalar la extensión borra lo que guarda en el navegador. Lo de la aplicación —la bóveda, el historial y las preferencias— se borra desde la propia Esfinge o eliminando su carpeta de configuración. Sin cuenta, Webcafeína no tiene ningún dato tuyo que borrar; con cuenta, mira lo que puedes pedir. Si tienes cualquier duda, escríbenos a info@webcafeina.com.